12 mayo 2014

Mi experiencia con la lactancia materna. Los 16 primeros meses.





Nunca he contado como fueron los 22 meses de lactancia de Amanda y hoy, recordando y releyendo he decidido contarlo.
Y digo releyendo porque cuando ella tenía 16 meses (más o menos la edad de la foto teteando en el avión a Miami), como parte de los 365 relatos de lactancia (una lectura muy recomendable) de la Asociación Besos y Brazos, conté la mía. En aquel momento no me apetecía contar que era mío pero hace más de 2 años de esto y mi visión ha cambiado mucho desde entonces, así que aquí lo tenéis: 

"Antes del nacimiento de mi hija siempre tuve claro que quería optar por darle Lactancia materna, porque como sabiamente dice Carlos González, es un regalo para toda la vida para ambas. Nunca pensé que pudiera tener problemas, es algo natural que se ha hecho durante miles de años, sin asesoras de lactancia ni pediatras, y ahora que existe esa ayuda extra, ¿porque algo va a ir mal?...Estaba tan convencida que no contaba con biberones en casa, ni leche artificial ni toda la parafernalia que conlleva este tipo de lactancia y que más tarde, tuve que aprender a usar.
Mi hija nació a termino, una niña preciosa y sana de sólo 2500 grs. que al salir del hospital eran menos de 2300 grs....el peso de una botella de Coca cola. El hecho de ser tan pequeña no ayudó en la lactancia ya que se cansaba, se dormía, tenía una boquita diminuta...y el neonatologo nos recomendó, si no hacía pipí, darle un biberón después de alguna toma...nos lo pensamos unas horas y al final la segunda noche de hospital se lo dimos por lo que ya salimos del hospital con lactancia mixta.
Por suerte, ella nunca rechazó el pecho, tomaba ambas cosas sin problemas, hasta que la ligera molestia del pecho al engancharse se convirtió, como por arte de magia, en unas horribles grietas que incluso sangraban...!y sólo llevábamos poco más de 1 semana en casa¡. Creo que nunca he llorado tanto, me sentía frustrada, inútil y decepcionada y si no hubiera estado tan segura de mi deseo hubiera abandonado escuchando los consejos de gente que achacaban mi estado a una depresión postparto que no padecía. Recurrí a la liga de la leche, dónde me corrigieron la postura, pero cuando el dolor es tan insoportable es complicado de solucionar sin que antes se te curen, porque sientes rechazo hacia el momento y te falta llorar cuando se despierta reclamando alimento, porque ese dolor se mezcla con la culpabilidad, con el sentirte mala al casi llegar a detestar ese momento que antes de nacer, estabas deseando vivir.
Cuando ya no podía más, como último recurso antes de abandonar opte por una pezoneras que salvaron la lactancia, permitieron que se me curaran los pechos y me condenaron durante casi 3 meses a tardes interminables sentada amamantandola, que, al contrario que antes, nunca tome mal, sólo decidí disfrutar de mi hija el máximo posible y un día, como si nada, retiré las pezoneras y conseguí (ella consiguió) que mamara sin ellas, en postura correcta y sin dolor. Seguíamos con lactancia mixta, pero todo era mucho mejor, ella distinguía perfectamente el biberón del pecho, sabía usar uno y otro y sabía cuando quería uno u otro, y aunque esa lactancia mixta se prolongó hasta pasados los 6 meses, al menos mantuvimos el pecho ese tiempo. Mi hija rompía con el mito de que si prueban el biberón nunca más querrán pecho.
A los 6 meses, con la introducción de la AC, sobretodo sin biberones de cereales y sin prisa, ella sola rechazó los biberones de leche y ya de paso el chupete, ya sólo quería o “comida” o lactancia materna...De nuevo mi hija hizo lo que se supone es raro, rechazando el biberón a favor del pecho.

Continuamos así con una lactancia materna “normal”, introduciendo AC poco a poco...mi intención era (y es) seguir hasta los 2 años, pero no más allá, y de momento lo estaba logrando, pero a partir de los 11 meses esa lactancia “normal” pasó a ser, de nuevo, como esas interminables tardes de lactancia iniciales. No entendía porque de repente, sin haber introducido ningún cambio, habíamos vuelto a despertares cada hora, a estar más de una hora “enganchada” al pecho por la noche o en la siestas, a pedir cada 30 minutos o incluso menos, en cualquier parte...a no dormirse sin el pecho... pero me era imposible aceptarlo como los dos primeros meses porque habíamos pasado a lo que para mi era una especie de esclavitud (si, ya se que ojalá la esclavitud real fuera eso).
Con 13 meses empezamos el destete “No ofrecer, no negar”, y la cosa no mejoró nada...¡si no hacía falta que le ofreciera, con lo que ella pedía no daba tiempo!, y así, un mes después, con tristeza, empezamos el destete nocturno junto con un pseudo “plan padre” que trajo algunos llantos (nunca abandonada, por supuesto) pero que nos ha permitido, después de 14 meses, volver a domir. Ese destete no resultó fácil, y el diurno no parece que vaya a llegar pronto tampoco.
Ahora atravesamos una extraña fase que continúa siendo complicada porque siempre que se aburre pide, si me ve sentada pide, si llego de la calle pide, si tiene sueño pide...una tarde en casa puede convertirse en tomas cada 30 minutos y eso psicologicamente empieza a agotarme, supongo que estamos tan llenos de estereotipos que nunca imaginamos que un bebe de 16 meses, que corre a todas horas, vaya a mamar como uno de 2 meses o incluso más a menudo, pero mi problema no radica en lo que la gente considera normal o adecuado, sino más bien en lo que mi cuerpo y mi mente empiezan a querer y a rechazar. Mi “plan”, cuando paseaba con mi barriguita, era darle lactancia materna hasta los 18 meses y ahí iniciar el destete progresivo y respetuoso para lograrlo al rondar los 24 o 26 meses, porque no me veía más allá de esa edad, pero nunca pensé que realmente fuera a “querer” que eso pasara, sino más bien al contrario, me imaginaba “obligándome” y sin embargo ahora puedo decir honestamente que tengo ganas de poner el punto y aparte a la lactancia, pasar a la siguiente página pero, ¿estará lista ella? Parece que no.
Quizá la mayoría no me entenderéis, bien porque vuestro mayor deseo es seguir muchos años con esta lactancia y nunca hayáis sentido ese rechazo o bien porque penséis que si ya no deseo seguir no debería hacerlo pero creo que en esto de la maternidad lo primero que una aprende es que lo mejor es dejar que tu instinto te guié y el mío pide un poquito más de paciencia"

Ya os contaré como terminó esta historia, que no soy yo de hacer post interminables jejejeje y si mientras os apetece contar la vuestra os animo a enviarlo.