04 diciembre 2014

¡Y dale con las "chuches"!





Hay padres a los que enseguida les hace gracia que sus hijos tomen chupachups o aspitos, cosa que respeto pero...no, no soy de esos padres.
Yo nunca he tomado caviar, no se como sabe,  no forma parte de mi dieta y no,  no lo extraño. Y eso mismo ocurre antes de que un bebe pruebe estás cosas,  que no lo echan de menos así que, dado que no le aporta nada bueno, ¿porqué se lo damos?.



Socialmente está más que aceptado, instaurado en la sociedad, que los niños deben comer piruletas,  chocolates y gusanitos, cosa que, si ocurriera esporádicamente y de forma medida no supondría problemas pero que al inculcarse desde tan pequeños y con tanta asiduidad trae problemas de sobrepeso y obesidad infantil paralelos a deficiencias nutricionales y problemas de caries desde incluso los 4 o 5 años. 



Y estos problemas que todos los reconocemos como serios,  ¿porque no somos capaces de asociarlos de forma real a la instauración de hábitos alimenticios no saludables desde edades cada vez más tempranas?.
Tenderos que regalan piruletas,  vecinos que traen galletas con kilos de chocolate con leche(y ya de paso toneladas de grasas saturadas y azúcares), tíos que obsequian con gominolas o conocidos que se sacan de la manga inmensas bolsas de gusanitos.
Y luego los abuelos, agasajeadores profesionales que ya no recuerdan porque cuando eran padres no compraban jamás ni siquiera nocilla.
¿Qué mérito tiene conseguir que un niño sea feliz si le regalas chocolate? El mismo que si consigues hacerme sonreír regalándome  unas UGG...ninguno.


Me pregunto porque no se pueden regalar lápices de colores,  plastilina,  una peonza o cualquier otro detalle maravilloso que no implique subidones de azúcar que combinados con sueño o cansancio les llevan a un estado de "rabieta" casi inminente. Incluso después de un cumpleaños con perrito caliente, gusanitos y tarta regalamos una bolsita de chucherías en lugar de regalarles un pompero o un yo-yo de esos que tantos buenos momentos dan sin pasar por el dentista. 
Otro día os hablaré de los componentes de todas estas cosas, aunque hoy sólo quiero quejarme. 

Si me dieran un "dólar" cada vez que alguien me ha dicho "por un día no pasa nada mujer" estaría contando esto desde mi mansión sugarfree en Miami. Pero no,  lo que nos han dado ha sido natillas danone, helados, bolas de queso o kitkat. A veces incluso "para el camino", ración doble.

Peron no me malinterpreteis, a mi también me gusta que mi hija disfrute con un chocolate con churros,  o que se tome tranquilamente un helado, y si me lo tomo con ella pues me gusta el doble, pero me gusta que sea como y cuando yo digo,  que la excepción no sea hábito y que mi hija entienda que es algo excepcional, que lo disfrute como tal y que entienda que no es la base de nuestra alimentación.

Muchos tenéis dos hijos así que la dificultad con el segundo se incrementa porque el primero no pudo "escapar" y el segundo "imita" ciertos comportamientos, pero si fueran los padres los que deciden es probable que con el segundo y sucesivos todo hubiera sido mas fácil al ser un hábito instaurado en casa.
Pero el problema es que a menudo los padres no decidimos sino que de uno u otro modo casi todo el mundo decide por nosotros, rara vez nos preguntan y si lo hacen no es con disimulo si no casi como por formalismo mientras estienden el brazo hacia el niño. 




El resultado final suele ser que los padres terminamos haciendo lo que ya hicieron los abuelos cuando eran padres, no compramos ni nocilla, y somos los "malos" porque ¿cómo entender con 4, 3 o 2 años que algo es malo? Y lo que es peor, ¿si es malo porque a veces no lo es?