22 octubre 2013

Nueva etapa...adaptación a la escolarización




Desde hace poco más de un mes hemos empezado una nueva etapa en la vida de Amanda y con ello en la nuestra, la tan temida por algunos (como yo) y deseada por otros, escolarización temprana. Si mi vida fuera distinta, mis posibilidades, mi entorno, el mundo... quizá me habría planteado otra opción como el homeschooling, que creo que puede ser maravilloso y enriquecedor, pero la situación es la que es ( y yo tengo más miedos de los que me gusta reconocer).
Se que mi hija, ya sea ahora o a los 6 años, tendría que ir al colegio, de un tipo u otro, pero colegio, con normas, con currículo, con más niños, con educadores y con objetivos, pero el entorno no lo pone fácil así que el temor a una mala adaptación futura y ciertas necesidades actuales no han hecho más que apoyar la decisión final, más aplaudida por el papá que por mí (al menos al principio) de esa escolarización temprana. Y digo temprana por dos motivos; el primero porque que un niño vaya al colegio desde los 3 años tantas horas es algo no necesario y que sin duda no se hace en muchos de los países de excelencia y referencia académica (donde siguen en la kindergarten hasta los 5 o 6) y segundo, porque la escolarización obligatoria empieza a los 6 años, en la etapa de primaria, con lo que realmente todo lo demás es hacerlo más pronto de lo necesario.

 El sistema no lo pone fácil; hay colegios públicos con adaptaciones dantescas o inexistentes, y con programas demasiado ambiciosos; uno cerca de mi casa sin ir más lejos, que pregona que los niños empiezan a leer con 3 años, algo, desde mi punto de vista exagerado e incomprensible teniendo en cuenta que muchos ni siquiera hablan bien y la mayoría, por no decir todos, siguen sin pronunciar correctamente todas las palabras. La dirección de este colegio no debe saber que un inicio precoz en la lectura no mejora las dotes lectoras, aunque es algo que ya comenté hace tiempo y de lo que, si queréis saber más, podéis consultar este enlace.
La enseñanza concertada se asocia en ocasiones a idearios religiosos y en otros, simplemente, a obtener beneficio económico; no digo que toda sea así pero si gran parte, igual que una parte de la privada, a la que además debemos sumar el importe a desembolsar. La educación libre o alternativa tampoco resulta muy accesible por cara, escasa, alejada, poco aceptada por el entorno (lo que reduce el número de niños) y con horarios muy reducidos.
Nosotros que venimos de los público cuando se podía ir a lo público, de aquel EGB entrañable, finalmente, hemos optado por un colegio privado que se adapta un poco a nuestras creencias generales, encaja con nuestra forma de vida y valora el aprendizaje temprano de los idiomas pero no del resto de las materias. Poseen proyecto propio, algo que me parece casi fundamental pues los profesores están totalmente vinculados al proyecto y los niños tienen un único libro (de inglés). Ofrece un menor ratio de niños por clase, que se traduce en atención más personalizada, así como natación y ciertas horas de juego libre al margen del recreo, algo fundamental para un niño de 3 años que lo que quiere es jugar. Cuando uno de los profesores de infantil dijo que su principal objetivo este año es que los niños sean felices y vayan felices al colegio creo que terminó de convencernos!
 La adaptación normal suele ser de una semana, algo que desde luego me parece de una falta de respeto enorme para los niños a los cuales hasta les decimos el tiempo que tienen para adaptarse, tiempo común para todos sin excepción...comienza así la etapa de ser todos iguales porque sí.

 ¿Y cual es la adaptación ideal?
Aquella en la que no se obliga al niño a adaptarse sino que lo hace por el mismo. Mi experiencia en otros entornos me dice que lo mejor es que el padre o la madre se encuentren presentes mientras el niño se adapta, sin intervenir, sin mediar, remitiendo siempre al acompañante o educador, pero dando confianza al niño, pero esto, por desgracia, no siempre es posible.
 Nuestra primera semana fue buena aunque sin grandes emociones, observando el tema, estudiando la clase, los compañeros, el profesor...ella iba una hora y media al día y bueno, lo pasaba.
La segunda semana ya empezó regular, la jornada se alargó hasta casi la 1 y empezaron las normas, y a mitad de la semana comenzamos a oir los "no quiero ir al cole". Un día, agotada, incluso se quedó llorando; no lo he pasado peor en mi vida así que puedo imaginar a ella. El cansancio y el cambio la pasaba factura, y el tiempo en casa se hacía duro, con enfados y rabietas. Empezamos a dudar de nuestra decisión, a plantearnos alternativas, y nos dimos un plazo de tiempo para ello, no marcado en el calendario sino más bien de valoración de avances...y así empezó la tercera semana, donde decidí levantarnos relajados, si prisa, jugar un rato en la cama, no mencionar el colegio, vestirnos tranquilamente e ir jugando por el camino, y así , de repente, sin previo aviso, entró encantada y feliz, y crucé los dedos esperando que la adaptación se hubiera acabado...y así fue.
Desde ese día parece que ha encontrado sus sitio, que tiene su grupo de amigos, casi todo chicos porque al ser tan activa necesita actividad ( y las niñas son más tranquilas generalmente), y que incluso muchas tardes vamos porque ella misma decide que quiere ir. Los días que está muy cansada sigue sin ir convencida, remolonea aunque nunca llora ni se queda enfadada, pero coincide siempre con días que ha dormido tarde o no ha descansado bien por lo que hemos modificado un poco nuestros nohábitos para que se duerma antes.
La tutora ha sido pieza clave en esto, ha entendido nuestra situación anterior y nuestra forma de educar desde el primer momento, porque yo nunca lo escondo, soy muy clara pero ello, y nos ha ayudado mucho para que Amanda se sienta a gusto.
 Ahora que ha pasado este primer mes mi balance es bastante bueno, veo a Amanda contenta, sus compañeros en general me parecen niños muy sanos y agradables, y he comprobado que más madres orgullosas de colechar o que siguen dando el pecho a su hijo, comparten espera conmigo a la salida del cole.
Veo día a día que Amanda aprende cosas sin darse cuenta, y que además se queda con lo que le interesa y lo cuenta como sin saber de donde viene eso, y lo que a mí más me importa, empieza a entender que es el inglés y a chapurrear ciertas palabras (y a inventar otras).

Aunque sigo apostando por evitar una escolarización temprana, por prolongar la estancia en casa o buscar alternativas más lúdicas e interesantes y menos rígidas, creo que lo fundamental es que seamos lo más honestos posible con nosotros mismos y con nuestros hijos, porque no por decir muchas veces en alto lo magnífico que es el colegio o lo mucho que lo necesitan, esto se hace realidad.


Termino con un poco de humor antischool...porque la etapa sólo acaba de empezar!




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